Significado permanente del Concilio Vaticano II

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Santiago Madrigal
Gracias a la celebración del Vaticano II (19062-1965) nos hallamos hoy, al cabo de cuarenta años de su clausura, en una situación muy diferente en liturgia, en teología, en pastoral, en ecumenismo, en relaciones con las otras grandes religiones del mundo, y con la sociedad moderna. Sus 16 documentos (constituciones, declaraciones, decretos) constituyen un cuerpo unitario de doctrina que gira en torno a los objetivos que Pablo VI asignó al Concilio: la noción de Iglesia, su renovación, el restablecimiento de la unidad de los cristianos, el diálogo de la Iglesia con la sociedad moderna. Son líneas de fuerza que entroncan con los impulsos más nobles que desde comienzos del siglo XX venían auspiciando un redescubrimiento de la Iglesia y, por tanto, un rejuvenecimiento del cristianismo. Son líneas germinales que siguen marcando la pauta, pues, como decía K. Rahner, un concilio es sólo un comienzo.

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Com citar
Madrigal, Santiago. «Significado permanente del Concilio Vaticano II». Revista Catalana de Teologia, 2007, vol.VOL 32, núm. 1, p. 155-61, https://raco.cat/index.php/RevistaTeologia/article/view/79809.