Revistes Catalanes amb Accés Obert (RACO)

La presencia sindical y las crisis en el Estado español: 1975–1985 y 2008–2015

David Moral Martín

Resum


La actual inestabilidad política favorece la aparición tanto de partidarios de establecer cambios en el complejo sistema sociopolítico como de defensores a ultran- za del modelo bajo el que se recuperó la democracia durante el último cuarto del siglo xx. Estas disputas solo las podrán decantar las urnas. En la construcción del modelo cuestionado participaron las, por entonces, recién legalizadas centrales sindicales ma- yoritarias. Por ello, llama poderosamente la atención que estas centrales no hayan sido reclamadas por ninguno de los grupos que abogan por la revisión del modelo actual. Al respecto, se analizará el papel que ha jugado el sindicalismo mayoritario en las transformaciones que han operado sobre el sistema español de relaciones laborales. Para ello, se estudiará el comportamiento del diálogo social en las dos grandes crisis que ha afrontado, y aún afronta, el Reino de España, al entenderlas como situacio- nes complejas en las que el recurso a la concertación ha permitido reflejar el poder y las estrategias de los que han intervenido. La primera tuvo lugar durante la década comprendida entre 1975 y 1985, durante la que se inició el modelo de corporativismo precarizador. En esta apuesta colaboró el sindicalismo de clase a través de la construc- ción del ente eficiente. Este modelo sindical, bajo graves pugnas internas, participó en los grandes pactos y acuerdos suscritos entre 1979 y 1984, tiempo en el que nació un sindicalismo institucional con una gran presencia sociopolítica. Estos pactos y acuerdos fueron luces que intentaron ocultar las sombras del fracaso que ha supuesto desde sus orígenes el diálogo social, como demuestra la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde entonces.
La segunda crisis acaecida en España es la actual, en la que las centrales sindi- cales se han visto sometidas a numerosas presiones, internas y externas, que las han llevado al límite en su planteamiento de intercambiar baja por alta precariedad. Esta situación explicaría, parcialmente, la dificultad que entraña la elección del modelo de acción sindical: ¿Habilitar espacios en la negociación colectiva para introducir la precarización «negociada» de las condiciones salariales y laborales, o ser consideradas institucionalmente como residuales? Esta complejidad se ve incrementada por la total orientación de los gobiernos españoles a satisfacer los mercados internacionales. Prácticamente desde su constitución este drama se había venido gestando y, en parte, explicaría la facilidad que encontraron los agentes financieros para fomentar la deuda de las familias al suministrarles el crédito necesario para poder soportar un con- sumo imposibilitado por la degradación del nivel de rentas, a las que históricamente, aunque con limitaciones, contribuyeron sus representantes sindicales. Ante tal fracaso, las organizaciones sindicales se encuentran sin apoyos en todos los ámbitos, surgen vo- ces que exigen un cambio de modelo y se ensayan nuevas estrategias y nuevos agentes sindicales. El ejemplo más claro al respecto, que no el único, es el de Somos, sindicato que se encuentra a la sombra del fenómeno Podemos y que es un nuevo agente social que sitúa a la sociedad ante cuestiones necesarias por ser acuciantes: ¿Es posible gene- rar una nueva conciencia de clase digital que sustituya a la industrial? ¿Es necesario un sindicato que asuma las contradicciones anteriores y que recoja el malestar para seguir participando en la nueva concertación?

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