Revistes Catalanes amb Accés Obert (RACO)

LA DEMOCRACIA EN CLAVE DE IGUALDAD

María Macías Jara

Resumen


 

 

 

La premisa de la presencia equilibrada en el marco de la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y de hombres, aunque de gran trascendencia en el contexto jurídico y social contemporáneo, no es, en el fondo, más que una importante estrategia para la consecución de un fin último, de mayor envergadura, que no es otro que la paridad cualitativa o lo que se ha definido como Democracia paritaria.

En este sentido, la LOI puede considerarse un hito histórico de una magnífica relevancia social y jurídica y un gran avance en la consecución de la igualdad efectiva de hombres y de mujeres. Es posible que uno de sus logros sea la visualización de las mujeres en diversos ámbitos en los que permanecían ocultas o infrarrepresentadas. Pero se ha de seguir trabajando en los orígenes de la desigualdad y en las estructuras que las pasadas revoluciones no supieron erradicar perpetuando, así, unos cimientos ya viciados sobre los que se construyó el constitucionalismo moderno y el Estado social y democrático. Se ha de tener muy presente que la desigualdad entre hombres y mujeres no se produce desde la legalidad, sino desde las estructuras de las instituciones y desde el poder. La presencia de las mujeres en el ámbito público ha evolucionado notablemente pero la lucha sigue en pie. Se corre el peligro de haber cambiado la dependencia del padre, el marido y los hijos por la dependencia del Estado y de los poderes públicos en la pugna por la plena igualdad (RUBIO, 2007).

 

 

La paridad ha de considerarse un presupuesto esencial de ciudadanía y de existencia. La mera presencia de las mujeres no será más que un cambio de superficie si se les continúa impidiendo penetrar en las estructuras de poder, del Estado, para modificarlas desde dentro. En sentido contrario, no se está ante el total reconocimiento de pertenencia a la sociedad de las mujeres como un sujeto igual de hecho y de derecho, seres humanos y ciudadanas independientes con plenos derechos y capacidad para dirigir, decidir y gestionar la política de la sociedad.

Por lo tanto, la forma de entender el Estado constitucional, social y democrático de Derecho y la representación política implica un nuevo pacto social que abogue por la inclusión de las mujeres, de los dos géneros, de modo que éste devendrá otro pacto mejor, una completa visión de la democracia y, por consiguiente, un contrato social acabado basado en la esencia de ser representante y representado: hombre o mujer, pueblo soberano, en definitiva.


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