Revistes Catalanes amb Accés Obert (RACO)

Tazas calientes manchadas de carmín. Mujeres de cafés en la bipolaridad moral del espacio público (1890-1936)

Jordi Luengo López

Resumen


Contadas han sido las aportaciones con las que las mujeres han contribuido a la denominada «cultura del café», sobre todo porque su presencia en estos recintos de ocio ha sido muy limitada. Esto se debe a que las tertulias de café se han generado siempre dentro de una atmósfera de sociabilidad eminentemente masculina. Las mujeres empezaron a frecuentar los cafés en familia, siempre bajo la atenta mirada de la potestad de los hombres —el padre o el marido—, pasando con el tiempo a trabajar en ellos como camareras, sin libertad alguna, pues en esta ocasión quien las mantenía controladas era el rufián que las prostituía dentro del establecimiento. Hubo muchas clases de cafés, debiéndose su tipología al lugar en el que estuvieran ubicados en la ciudad, al horario que tuvieran y a la finalidad, encubierta o no, para la cual estaban destinados. Sin embargo, independientemente de la naturaleza del local, las mujeres siempre quedaban relegadas a un segundo plano con respecto a los miembros del «género masculino», siendo de este modo, hasta la aparición de la Mujer Moderna. Esta nueva mujer entraría en los cafés sola, vestida a su gusto y pagándose ella misma su consumición.

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